Estábamos estudiando el servicio de primera clase, que en esa época se hacía con cuatro carros llamados trolleys, que llevaban caviar, blinis, langosta entera con sus pinzas incluidas, vodka en hielo, vinos, ensaladas, panes, o sea, casi un restaurante en un carrito. Nosotros mismos hacíamos de pasajeros y cada uno pedía lo que se le antojaba. A mí me toco hacer de tripulante de primera clase y una gringa jodida que también estaba haciendo el curso conmigo me pidió la patita de la langosta con la pinza... se me hizo imposible cortarla. Sudé la gota gorda, sentí a los doce pasajeros de primera clase que eran mis compañeros mirándome fijamente y a los cuatro instructores parados en cada extremo de la cabina inspeccionarme sin tregua. Y la pata no salía. Le dije en voz baja, en inglés: “Loca, no me pidas la pata porque no sale, no seas guacha” (tradúzcase), pero ella en voz alta me respondió que quería la pata de la langosta de todos modos. Agarre el carrito y se lo tiré encima. Pegó un alarido y los instructores miraron pasmados y me preguntaron: “Fernando, ¿¿¿qué pasó???”, a lo que yo contesté: “Me pareció oportuno recrear una turbulencia severa, a ver que se haría en ese caso”. Los instructores me aplaudieron y me hice muy amigo de la conchuda susodicha. Su nombre era Lorraine Le May."Gracias por volar conmigo"
Fernando Peña
Gracias por traer a Fernando Peña !! un grande ..
ResponderBorrarPor qué se muere la gente menos indicada ???
Beso
¡¡¡Es sencillamente GENIAL!!!
ResponderBorrarNo lo conocía, pero ese tipo tenía una condición especial para salirse con una locura y sorprender siempre.
Saludos.
Era en Aerolineas Argentinas???
ResponderBorrarJAJAJ! que bueno!
ResponderBorrarLástima que Peña nunca me cayó bien.
Gracias a todos por comentar!
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